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VACIERO

TRIBUNA. Cataluña, en la encrucijada de la economía española

“Vivimos en una época de incertidumbre. Corremos muy deprisa sin saber a dónde vamos. Corremos porque todo el mundo corre, sin pararnos a mirar el terreno que pisamos”. Me lo decía hace algún tiempo un empresario catalán, de esos que tienen 'seny'. Un hombre serio. Pero no supe entonces si se refería a Cataluña, a la economía en general o a ambas cosas a la vez.

Es uno de los empresarios que hoy se van de Cataluña. De los muchos cuyas empresas, a pesar de tener la suya unas considerables dimensiones, no son noticia. Él lo prefiere.

Según el Índice IESE de Incertidumbre Económica (I3E), que se elabora mensualmente en base a la variación diaria de determinados indicadores económico-financieros (Ibex 35, tasa de cambio dólar-euro, precio del barril de petróleo Brent y precio del bono español a 10 años), en el mes de agosto la incertidumbre económica en España disminuyó, manteniéndose estable en septiembre: ni las tensiones geopolíticas ni el pulso secesionista catalán parecían haber afectado a la confianza en la economía española.

Los acontecimientos que se están viviendo con motivo del 1-O han cambiado el panorama. La prima de riesgo ha subido y podrían revisarse a la baja las buenas previsiones de crecimiento económico de la economía española.

Hemos visto cómo los principales bancos catalanes y un buen número de empresas, entre las que se encuentran las de mayor tamaño de Cataluña, señas de identidad y buen ejemplo del espíritu empresarial catalán, han trasladado o contemplan trasladar su sede fuera de Cataluña. Lo hicieron antes de la declaración del señor Puigdemont, y lo han seguido haciendo después. Planeta fue la primera en anunciar su salida tras escuchar el discurso de Puigdemont en el Parlamento de Cataluña.

La respuesta que está dando el mercado a esta fuga de empresas es clara: las cotizadas que salen de Cataluña aumentan de forma inmediata su cotización. El mercado las premia. Nadie las impulsa a irse. Se van porque quieren. Se van de Cataluña, de la Cataluña actual, de la Cataluña convulsa, de la Cataluña que pretende declararse independiente, porque prefieren estar fuera. No se van de España. Se van de Cataluña.

Se van porque fuera encuentran mayor seguridad. Se van o las echan, como se quiera, porque no tienen alternativa. El Gobierno de la Generalitat de Cataluña no se la da. No les ofrece garantías ni confianza. En cualquier lugar del mundo bastaría esta fuga de capitales y empresas, cuyo volumen de negocio multiplica por tres, por cuatro o por cinco el PIB catalán, para que los gobernantes no siguieran ni un día más en sus puestos. Los ciudadanos no se lo permitirían.

El efecto de esta fuga de empresas en el contexto actual es, desde luego, positivo para la economía, entre otras cosas porque contribuye a frenar de manera notable el avance de los planes independentistas. Los empresarios se han pronunciado. Y tras ellos, opiniones discordantes con la declaración de independencia, que antes no se oían, han comenzado a escucharse. Por primera vez se han alzado ciertas voces de prudencia dentro de los partidos independentistas. Un poco tarde. Mejor tarde que nunca.

Que la situación en Cataluña podría influir negativamente en la economía española (y, de modo especial e inevitable, en la propia catalana), nadie lo duda. Pero no creemos que finalmente vayan a producirse esas graves consecuencias para la buena marcha de la economía en nuestro país. No solo por el hecho de que parece poco probable que Cataluña se independice, sino porque desde nuestra actividad diaria de asesoramiento a empresas de todo el país observamos desde hace tiempo que, a pesar de las incertidumbres y de la situación en Cataluña, existe un ánimo positivo, una suerte de espíritu colectivo que trata de olvidarse definitivamente de la crisis y mira con ilusión el futuro.

Del mismo modo que los empresarios desarrollan una importante función social, y los traslados de domicilio fuera de Cataluña en la situación actual, muy dolorosos por cierto, demuestran su responsabilidad y compromiso con accionistas, trabajadores, proveedores y clientes, los abogados tenemos también una importante labor social que cumplir, y más en el contexto actual de incertidumbre: generar confianza. Generar confianza al empresario en nuestro quehacer diario como una manera de cumplir la función social que tenemos. Con todo lo que ello implica.

Se dice que la fuga de bancos y empresas es algo con lo que no contaban el Gobierno de la Generalitat ni los partidos que organizaron eso del 1-O que llamaron referéndum. ¿Fue de verdad algo inesperado para los gobernantes y parlamentarios catalanes favorables a la independencia? Mi respuesta es que sí. No se lo esperaban. No, al menos, con la anticipación con que comenzó a producirse, antes de una declaración de independencia. Lo cual demuestra una tremenda irresponsabilidad. Otra más. ¿Cómo es posible un proceso de independencia sin haber hecho previamente un análisis económico y financiero serio de los escenarios en los que Cataluña podría encontrarse en caso de independencia? ¿De verdad nadie había previsto en el Gobierno de la Generalitat una fuga de capitales y empresas? O quizá, como digo, estaba prevista, pero se pensaba que no se produciría antes de una declaración unilateral de independencia, de modo que inmediatamente después de hacerse se pretendía limitar o prohibir la salida de empresas y capitales de territorio catalán. Muy probablemente.

Vivimos en una época de incertidumbre. Corremos muy deprisa sin saber a dónde vamos. Corremos porque todo el mundo corre, sin detenernos a mirar el terreno que pisamos. Hoy, en mi despacho, he sabido con tristeza a qué se refería el empresario.

*Javier Goizueta es abogado y socio director de Vaciero, firma española de referencia en asesoramiento legal a empresas. Desde 1993 hasta 2014, ha sido abogado en Cuatrecasas, director en el área legal de KPMG y 'general counsel' de Gamesa en Latinoamérica. Ha dado clase de Derecho Civil y Mercantil en diversas universidades y másteres jurídicos.

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